vacilé por las calles y las cosas,
nada contaba ni tenía nombre...
el mundo era del aire que esperaba.
Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.
Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado y decaído.
Todo era inalienablemente ajeno,
todo era de los otros y de nadie
hasta que tu belleza y tu pobreza
¡llenaron el otoño de regalos!»
(Soneto del poeta chileno Pablo Neruda)

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