Fue la primera tarjeta navideña que me llegó por correo en el recién pasado año. Remitía: Isabel Allende. ¡¡¡Sí!!! La misma. La famosa escritora... ISABEL ALLENDE. No crean que no me sorprendo... siempre me ocurre. Es que con ella tenemos una amistad-de-año-en-año. Sí, porque intercambiamos tarjetas de Navidad. Lo increíble no es que yo le envíe una a ella. LO VERDADERAMENTE INCREÍBLE... ¡ES QUE ELLA ME ENVÍE UNA A MÍ!
La conocí hace años, cuando el mundo hispano de los Estados Unidos, recién comenzaba a pronunciar su nombre. Con mi familia fuimos a verla para la presentación de su libro La Casa de los Espíritus, en Coral Gables, Miami. Fue increíble. No sólo porque la vimos hacer su presentación, sino porque antes de ello tuvimos la suerte de entrar a la salita especial donde ella y su esposo William C. Gordon esperaban el momento en que la escritora debía hacer su presentación. Increíble, además, porque es una mujer dulce y gentil... porque no se las da de gran diva... porque te habla como si te conociera desde siempre. Nos contó que era muy sugestivo que las dos –ella y yo– fuésemos chilenas, que viviéramos en los Estados Unidos, que tuviéramos nietos (ella) e hijas (yo) que llevaban los mismos nombres y que, casi nacieron los mismos años... Sus nietos se llaman Andrea y Alejandro y, mis hijas, Andrea y Alejandra. ¡Felices coincidencias!
Desde entonces, intercambiamos tarjetas. Incluso, me regaló un escarabajo de ámbar que trajo de Egipto y que engarzó en oro mi querida e inolvidable amiga Isabel Jeldres, de Melipilla, Chile y que murió hace un par de años. En otra ocasión, me envió su libro La Hija de la Fortuna con la siguiente dedicatoria: “Para Chari... con un largo abrazo.”
Isabel Allende no sólo es una escritora famosa... también es una mujer amable y sencilla. ¡Gracias, nuevamente, por su saludo navideño... ISABEL ALLENDE!
(Chari, 11 de diciembre, 2009)

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